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El espejo.

Es difícil describir algunos sentimientos que hemos tenido o por los que hemos pasado. También es difícil describir a ciertas personas de esos momentos, o incluso a uno mismo y su propia actuación. El espejo del pasado, como mirarse en una imagen antigua y ver los detalles que has ido perdiendo o cambiando, mientras no dejas de dar vueltas a la imagen del espejo y el cambio de mentalidad e ideas que ha ido transcurriendo en ti. Y parece que fue ayer.

Mírate ahora, al menos seguimos vivos y respirando, vivos como las ilusiones: eternas a largo plazo, efímeras a corto plazo. Que poquito necesitamos para conformarnos, somos demasiado conformista en algunos aspectos; incluso ante el rechazo, nos seguimos conformando con la humillación personal antes que la huida.

Somos seres difíciles de entender, y raros, unos más que otros. Los hay que lloran ante un simple no por respuesta, y los hay que no lloran ni ante la marcha de un trocito de su silencio. 

Siempre guardamos algo de cada persona, un detalle de cada vez que vemos, escuchamos, escribimos o alguien nos hace una referencia y nos recuerda a dicha persona, momento, tontería o despedida (si la hubo). Que felicidad y que nostalgia más tonta.

Igual que soñar, así es la nostalgia. Un capricho, un deseo y/o una necesidad, algo que no tenemos pero necesitamos sentir para ver como somos realmente y que nos sirve para dedicarnos tiempo propio, paz interior, engaño, ilusión y olvido de la realidad a cambio de ruido y sufrimiento interior.


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