Ir al contenido principal

Cobijo del fracaso.

Era como si el fracaso fuese su forma de ser, como si su carácter estuviese siempre derrotado y su mirada perdida. Aceptaba siempre el no y el fallo, no lloraba al exterior, solo se iba desgastando por dentro. Llanto interno. Se desarmaba su interior cada domingo perdiendo autorretratos de su silencio. Sonreía constantemente, presumía de no haber participado en guerras, accidentes ni vicios; derrotado por soledad, su guerra particular.

Era una mirada perdida, una sonrisa forzada, una lágrima en la mejilla, un abrazo de despedida. Tenía la habilidad de llegar a lo más alto casi tan rápido como en alcanzar el fracaso. El fracaso era tan continuo que el autoengaño era su ley de vida, y soñar despierto era lo único que le permitía dormir la realidad.

Se sentía cómodo rechazando lo irrechazable, decía que nada estaba por encima de sus lunares, y tras su rechazo volvió a su hogar, a la rutina de vivir sin rutina. Dormía poco, estaba convencido de que el sueño era el refugio de los cobardes y él se sentía valiente, tanto como aquel que se autoengaña. Para que compartir con un desconocido que cree conocerte, él mismo estaba lejos de reconocerse. Soñaba con nada, tenía suficiente con recordar su respiración.

Vacío, así se sentía, como sus juguetes de la infancia. Era pura intriga, poco visible y tanto por descubrir, incluso para él mismo era difícil descubrirse cuando todo lo veía oscuro. Continuaba intentando hacerse creer que seguía vivo, y ni siquiera él sabía lo mal que se le daba mentir. Estaba compuesto de silencios.

Desesperado, buscaba echar de más echar de menos.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Naufragio mental.

Solo pienso en despedidas, en estar entre la espada y la pared, en decisiones decisivas, en ausencias y presencias. Pienso en que pensar y pensando me pierdo entre realidades, en la forma de soportar esta carga que hace flojear los pilares de mi paciencia. Cada vez más ahogada, no consigo sacar la cabeza fuera y mi mano no alcanza lo suficiente para pedir ayuda; pero no quiero ayuda. En mi cabeza me veo reflejada, dos gatillos apuntándome al corazón y yo en medio. Elegir parar uno de ellos provoca el disparo del otro, y una pequeña autodestrucción en mí. Cada vez me cuesta más mantenerme en pie, estoy demasiado cansada y a mi cabeza le cuesta responder. Voy directa a una puerta que me arroja un rayo de luz, pero se me cierran todas ellas y no encontrar una salida aviva la idea mental de quedarme encerrada en un recuerdo, y no poder escapar aumenta mi claustrofobia. Tengo un problema, o quizá varios. Mi situación no me permite un minuto de relax y el mínimo pensamiento que se des...

Todo lo que muere - John Connolly.

Portada de 'Todo lo que muere' de John Connolly Estoy de vuelta por el rincón para traeros una nueva reseña, más amplia y más detallada, sobre una de mis últimas lecturas:  'Todo lo que muere' de John Connolly.  Tras haber acabado anteriormente con  'Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones' de Charles Bukowski , quería volver a la senda y leer algo de temática más policiaca, más negra; y tras varias recomendaciones y lecturas que tenía en mi lista, con ayuda de mis libreras de confianza, me decidí por esta lectura. Uno de los puntos a favor de esta lectura fue que no se trata de un único libro sino que se trata de una saga de 22 novelas, facilitando que pueda leer otro tipo de libros entre unos y otros. El autor de la novela es  John Connolly  (1968- ), importante escritor irlandés que vive entre Irlanda y EEUU, lugares donde transcurren y se desarrollan sus obras. En lo referente a la novela, antes de desgranarla con más detalle, me ha resultado un título muy c...

El paso.

En un lado cuervos negros ondeando mi cabeza, en el otro palomas blancas comiendo de mi mano, en medio mis problemas y yo cogidos de una pequeña cuerda que hace de soga, cada uno tirando hacia un lado esperando que el otro suelte y derrotado actúe por el vencedor, tomando un camino que puede llevar al ahorcamiento, a la insurgencia o a la conformidad. El camino formado por huellas de los pasos que conferimos al pasado, que ocasionarán oasis futuros en nuestra imaginación. Pasos que forman personas, mi persona mi propia deidad. Cada huella del ayer es una piedra Stonehenge que sujeto en mi cabeza, unos días ligera como dormir acompañado, otros días pesada como una oportunidad perdida. Cada paso está compuesto de detalles insignificantes que nos modifican, alterando nuestro yo más interno y protegido. Los pequeños detalles son los más importantes, y son difíciles de olvidar; semejantes a una mirada. Y a lo largo de este camino crecemos y cambiamos, deseando ser el algoritmo a de...