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Mostrando entradas de febrero, 2015

El espejo.

Es difícil describir algunos sentimientos que hemos tenido o por los que hemos pasado. También es difícil describir a ciertas personas de esos momentos, o incluso a uno mismo y su propia actuación. El espejo del pasado, como mirarse en una imagen antigua y ver los detalles que has ido perdiendo o cambiando, mientras no dejas de dar vueltas a la imagen del espejo y el cambio de mentalidad e ideas que ha ido transcurriendo en ti. Y parece que fue ayer. Mírate ahora, al menos seguimos vivos y respirando, vivos como las ilusiones: eternas a largo plazo, efímeras a corto plazo. Que poquito necesitamos para conformarnos, somos demasiado conformista en algunos aspectos; incluso ante el rechazo, nos seguimos conformando con la humillación personal antes que la huida. Somos seres difíciles de entender, y raros, unos más que otros. Los hay que lloran ante un simple no por respuesta, y los hay que no lloran ni ante la marcha de un trocito de su silencio.  Siempre gua...

Noche.

'De noche todos los gatos son pardos', no se lo que serán los gatos por la noche, las personas somos tristeza o melancolía. La oscuridad de la noche y el nivel de tristeza de una persona son medidas de personalidad, y de ojeras. La comparación con un gato no nos favorece, a ellos la noche les pertenece mientras que nosotros le pertenecemos, perdiendo la cabeza por ella cuanto más oscura nos parece. Es orgullosa y sin darte ninguna señal ella sabe que acabarás acudiendo a su búsqueda, pero es fiel. Cuanto secreto guarda, e incluso a nosotros cuando nos encontramos en soledad con ella nos cuesta que nos dispare ayuda. Se muestra como el empujón para dar el primer paso, o el abrazo para acabar envuelto en lágrimas. Así es la noche, siempre llena de recuerdos e ilusiones. Vivir para desvivirse y soñar para no dormir. Adorarla, ella te hace sentir cómodo ante el sueño del resto y tu intento de conocerla y conocerte. Sentir tranquilidad a pesar del peso que se soporta en nuestra ...

Cobijo del fracaso.

Era como si el fracaso fuese su forma de ser, como si su carácter estuviese siempre derrotado y su mirada perdida. Aceptaba siempre el no y el fallo, no lloraba al exterior, solo se iba desgastando por dentro. Llanto interno. Se desarmaba su interior cada domingo perdiendo autorretratos de su silencio. Sonreía constantemente, presumía de no haber participado en guerras, accidentes ni vicios; derrotado por soledad, su guerra particular. Era una mirada perdida, una sonrisa forzada, una lágrima en la mejilla, un abrazo de despedida. Tenía la habilidad de llegar a lo más alto casi tan rápido como en alcanzar el fracaso. El fracaso era tan continuo que el autoengaño era su ley de vida, y soñar despierto era lo único que le permitía dormir la realidad. Se sentía cómodo rechazando lo irrechazable, decía que nada estaba por encima de sus lunares, y tras su rechazo volvió a su hogar, a la rutina de vivir sin rutina. Dormía poco, estaba convencido de que el sueño era el refugio de los c...