'De noche todos los gatos son pardos', no se lo que serán los gatos por la noche, las personas somos tristeza o melancolía. La oscuridad de la noche y el nivel de tristeza de una persona son medidas de personalidad, y de ojeras. La comparación con un gato no nos favorece, a ellos la noche les pertenece mientras que nosotros le pertenecemos, perdiendo la cabeza por ella cuanto más oscura nos parece.
Es orgullosa y sin darte ninguna señal ella sabe que acabarás acudiendo a su búsqueda, pero es fiel. Cuanto secreto guarda, e incluso a nosotros cuando nos encontramos en soledad con ella nos cuesta que nos dispare ayuda. Se muestra como el empujón para dar el primer paso, o el abrazo para acabar envuelto en lágrimas.
Así es la noche, siempre llena de recuerdos e ilusiones. Vivir para desvivirse y soñar para no dormir. Adorarla, ella te hace sentir cómodo ante el sueño del resto y tu intento de conocerla y conocerte. Sentir tranquilidad a pesar del peso que se soporta en nuestra cabeza y en nuestra almohada, secuestrados en ella peleando con lo que hemos hecho, lo que deberíamos haber hecho y soñando lo que haremos.
Noche y soledad, los dos lugares perfectos para conocerse a uno mismo, y para perderse. Y domingo, el día en el que ambas se juntan y la línea que separa el conocerte a ti mismo del volverte loco alcanza su mínimo de diferencia, y por donde se llega a mandarlo todo a la mierda.
La noche se hacer querer, tanto que algunas personas en deuda con ella, obligados a pagarla con insomnio, no la abandonan por no separarse de lo que les da, ilusiones y decepciones. Y necesitados de sufrimiento, debemos elegir entre sufrir por una ilusión o por una decepción, lo cual se convierte en un pozo profundo donde todo se ve oscuro y nos hace sentirnos noche: vacíos, ciegos y doloridos.
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