Empequeñecido, inseguro, atemorizado. Envuelto entre fantasmas, miedos de sábana y almohada, implosiones internas, pasados debajo de la cama. Rodeado de miedos e inseguridades, de ideas pesimistas que limitan su pensamiento, de hechos que le han obligado a recapacitar y esconderse. Ha visto tantas cosas brillar por su ausencia, que este brillo ya no le impresiona. Caer en el abismo del vacío para encontrarse o hacerse creer a sí mismo que se había encontrado, vivía fuertemente unido al autoengaño.
Llevaba demasiado tiempo en soledad, buscaba la armonía de su anarquía. Se había refugiado en su mente y en la apatía de aquello que le acorralaba, o al menos era la sensación que tenía acerca de lo externo a él. Era un búnker en el que continuamente golpeaban sentimientos y personas con tal fuerza que había llegado a dañarse y a verse quemado; no estaba roto.
Su refugio era su libertad, su mente su ley, sus ojos su verdad, su soledad su placer, su vida su miedo. Buscaba soledades compartidas, el rechazo ya pertenecía a él. A pesar de todo, seguía siendo infeliz con una felicidad exteriorizada.

Si las partes más oscuras de tu alma son tan bellas, no quiero imaginar como serán las más brillantes.
ResponderEliminarEres exquisito ~
Gracias por leerme y por la exquisitez.
EliminarNo me las des y vuelve a escribir.
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